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Primer mensaje del Rector Francisco Flores, fsc, a la comunidad lasallista

“El espíritu de este Instituto es, en primer lugar, el espíritu de Fe que debe mover a los que lo componen a no mirar nada sino con los ojos de la fe, a no hacer nada sino con la mira en Dios y a atribuirlo todo a Dios,…”

San Juan Bautista De La Salle.

Ciudad de México, a 29 de julio de 2021

Queridos integrantes de nuestra Comunidad Universitaria.

Es un honor poder dirigirme a todos ustedes, por primera vez desde este pódium, asumiendo el servicio de autoridad que me han conferido. Servicio que todos los Hermanos Rectores que me han precedido en el cargo, han realizado de manera extraordinaria. Antes que nada, quiero agradecer su presencia, física o virtual, pues demuestra el interés por nuestra querida Universidad.

En primer lugar, quiero agradecer y felicitar el Hno. Enrique González, por la labor realizada en este servicio, durante una década. Me uno a los buenos deseos, y parabienes, que se le han expresado repetidamente, por la nueva responsabilidad en la Universidad De La Salle Bajío. Confiamos en que, gracias a su vasta experiencia, y contando con la gracia de Dios, será todo un éxito.

En segundo lugar, quiero también expresar mi gratitud, a la Honorable Junta de Gobierno, al Consejo de Asociados de esta Universidad y a su Presidente, el Hno. Pedro Álvarez Arenas, por haber depositado su confianza en mi persona, para asumir la Rectoría por el periodo 2021-2024. Pueden estar seguros todos, que empeñaré todas mis capacidades y experiencia, para dar los mejores resultados, pues esta Comunidad Universitaria lo merece. Confiado estoy también, de contar con la bendición de Dios.

Deseo que este mensaje llegue a cada una de las personas aquí presentes en este recinto, y con el mismo entusiasmo, alcance a cada persona que nos sigue a través de los distintos medios telemáticos, pues está pensado en ustedes. Llevo en mi mente y corazón, a cada estudiante, desde el bachillerato hasta el posgrado. También pienso en cada docente, en el personal administrativo, y en el personal de apoyo a todas las áreas, en las personas que mantienen nuestros espacios limpios y seguros, en los padres de familia y en los exalumnos.

Estoy seguro que, al contar con su buena voluntad, juntos lograremos la sinergia requerida para encauzar por el rumbo correcto, esta gran Comunidad Universitaria que somos todos. Deseo que todos nos sintamos corresponsables, pues ya sea que nuestro papel en la Institución sea académico, administrativo, de servicio o como estudiante, todos enriquecemos con nuestros talentos a la organización. Me reitero al servicio de todos ustedes.

A 100 años de que el Mtro. José Vasconcelos acuñara el lema de la UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO: “POR MI RAZA HABLARÁ EL ESPÍRITU”, me parece pertinente hablar propiamente del Espíritu.

Nos viene bien apropiarnos de la manera como define el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, al ESPÍRITU, como principio generador, carácter íntimo, esencia o sustancia de algo; como el vigor y la virtud que alienta y fortifica al ser para realizar obras; como el ánimo, valor, aliento y brío y finalmente como don sobrenatural y gracia particular que Dios suele dar a algunos seres. Esta Universidad, así como las demás Universidades hermanas de la Red de Universidades La Salle en México, y también como todas las instituciones lasallistas que educan a las niñas, niños y jóvenes, desde su más tierna infancia, hasta obtener su bachillerato, están animadas por un mismo Espíritu, que en realidad es un binomio: EL ESPÍRITU DE FE y CELO.

Estos términos, acuñados en el siglo XVII por San Juan Bautista De La Salle, santo que nos legó en su apellido, el apelativo de nuestra familia La Salle, tienen una vigencia asombrosamente válida para nuestro tiempo. Es más. De no haber sido por este binomio ESPIRITUAL de FE y CELO, animando, dando valor, aliento y brío, a toda la obra lasallista en el mundo, no podríamos estar aquí reunidos, después de 340 años de haberse fundado el Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. Pues es gracias a la docilidad del Señor De La Salle, y al plan salvífico de Dios, que le infundieron el Espíritu de Fe y Celo a la naciente obra, que hoy estamos aquí, celebrando la vida y la permanencia en el servicio de esta Comunidad Universitaria. Encaminándonos entusiastas y agradecidos, en la celebración del 60º aniversario de la Fundación de nuestra querida Universidad. Para lo cual, hay ya toda una previsión de los actos religiosos, académicos y festivos que enmarcarán este particular cumpleaños.

¿Cómo traducir estos términos, no sólo en el lenguaje moderno, sino en su impacto para dar respuesta a las necesidades educativas que nos rodean?

Este binomio de FE y CELO, bien se puede actualizar en el ESPÍRITU DE PASIÓN Y TRASCENDENCIA. Pasión por dar respuesta a las necesidades educativas de los jóvenes universitarios de hoy, para trascender las realidades que nos interpelan, dejando un legado a la próxima generación, como parte del Plan Salvífico de Dios.

Un legado que ya desde ahora nos nutra como comunidad universitaria lasallista, por la práctica del carisma de la Asociación para la Misión Educativa, en favor de los más pobres; y por la fraternidad que nos une primero con todas nuestras instituciones hermanas, algunas de ellas precursoras de esta Universidad; y fraternidad con todos los demás actores sociales, con quienes interactuamos diariamente, y que esperan que seamos líderes de opinión en los distintos campos donde se desempeñan nuestros PROFESIONALES CON VALOR.

Y puesto que “La Salle hoy, somos nosotros”, es imprescindible que alimentemos, fortalezcamos, trabajemos y descubramos el Espíritu que nos anima como familia lasallista y como comunidad universitaria.

Hablar de Espíritu no sólo es pertinente por el primer centenario que está cumpliendo el lema de la Universidad Nacional Autónoma de México, sino porque “en estos calamitosos tiempos en que vivimos”, justamente el Espíritu es quien nos ha dado el vigor y la virtud que nos han fortalecido a todas y todos, en medio de la pandemia, para emprender las acciones necesarias y adaptarnos a convivir con esta realidad tan complicada. Sin el sentido espiritual y trascendente, el ser humano cae fácilmente en el sinsentido. Por eso estamos invitados a beber de esa fuente inagotable de espiritualidad que es el Evangelio.

Así pues, mi primer compromiso de cara a la Comunidad Universitaria, es acompañar a todos y cada uno de los integrantes de la Universidad, para descubrir, alimentar, trabajar y fortalecer el Espíritu que anima a todas las obras lasallistas, y a esta en particular. Nuestro Espíritu de Fe y Celo, es decir, Nuestro Espíritu de Pasión y Trascendencia.

La Universidad La Salle, como bien saben todos ustedes, está regida por un PLAN DE DESARROLLO INSTITUCIONAL 2025. Dicho plan se realizó con la participación de amplios sectores de las distintas áreas de nuestra Comunidad Universitaria, y fue aprobado en su momento por la Junta de Gobierno.

Este plan articula las funciones sustantivas de la Universidad, a saber: la docencia, la investigación y la extensión. Pero también nos brinda líneas estratégicas, resultantes del análisis del entorno presente, que proyectan a la Universidad en el rumbo requerido en los tiempos presentes.

Además, no sólo se han implicado los distintos integrantes de la Comunidad Universitaria para su elaboración, sino que participan ampliamente en la consecución de sus objetivos y. metas, dando seguimiento puntual a sus compromisos.

Este ejercicio nos da rumbo y certeza, además de ejercitarnos en las mejores prácticas.

Mi segundo compromiso es conocer a fondo dicho PDI, para integrarme de inmediato en las instancias que me corresponden, y darle cabal seguimiento para la consecución de las líneas estratégicas con sus objetivos y metas.

Si hay una lección que hemos aprendido bien de esta pandemia, es que todo lo que estaba previsto, puede pasar a segundo término, para mirar otro tipo de necesidades, que, de no ser atendidas convenientemente, no hay futuro posible.

Desde luego que es imprescindible, seguir cuidadosamente todos los protocolos que garanticen nuestra salud y la de los demás integrantes de la Comunidad Universitaria. Es una responsabilidad irrenunciable, asegurar el cuidado y bienestar de todas y todos, no sólo al interior del campus, sino también en los demás ámbitos en los que transcurre nuestra vida.

Teniendo muy presente dicha lección, tenemos, como Comunidad Universitaria, la obligación de observar con mucha atención nuestro entorno, y estar prestos a responder a situaciones emergentes, que demande la situación del país o del mundo.

Además, la Universidad es consciente de no ser un ente solitario en el mundo, sino que pertenece y enriquece a una gran comunidad mundial, que es la red de instituciones lasallistas, a todo lo largo y ancho del planeta. En este sentido, cobra especial importancia el contenido del documento recientemente publicado por Roma, titulado LA DECLARACIÓN SOBRE LA MISIÓN EDUCATIVA LASALLISTA. Desafíos y Convicciones, del año 2020.

Mi tercer compromiso consiste en favorecer las estructuras que nos permitan detectar y responder con atingencia, a los nuevos retos que surjan en el transcurso de este trienio, siempre fieles al Espíritu de pasión y trascendencia, anclados en los valores de la Fe, la Fraternidad y el Servicio.

En el mundo lasallista, destacan dos países por tener la red universitaria más numerosa: Filipinas y México. Esta cualidad es a la vez un privilegio y un compromiso. Empeñados como estamos en la formación integral, nuestras casas de estudio han de proveer a la sociedad, particularmente en México, un análisis de la realidad, que oriente la toma de decisiones en todos los campos donde nuestros “profesionales con valor” se desempeñan.

En este punto, tanto la Vicerrectoría Académica, como la Vicerrectoría de Bienestar y Formación, nos deben ayudar a caminar, pero, sobre todo, la Vicerrectoría de Investigación y la estructura que la sustenta, desempeñará un papel fundamental, por el impacto social que se espera de los resultados de esta función sustantiva de la Universidad.

El cuarto compromiso va en la línea de fortalecer este análisis de la realidad, partiendo de la riqueza teórica, empírica y profesional, de las personas que integramos cada una de las áreas de la Universidad, para facilitar a nuestra Comunidad Universitaria, pero también a todos los ámbitos de influencia de ésta, la toma de decisiones.

Concluyo este mensaje, haciendo patente la convicción de que, las tres funciones sustantivas de la Universidad se encuentran garantizadas por el desempeño de las tres Vicerrectorías y que la operación diaria de todas las áreas y ámbitos de esta nuestra querida Institución, asegura la atención oportuna de las necesidades de cada integrante de la Comunidad Educativa, en todos los aspectos que nos distinguen como una institución acreditada y reconocida. Pero que nada de esto tiene sentido alguno, si olvidamos que el centro que le da razón de ser a las instituciones lasallistas en todo el mundo, es la atención a la persona, especialmente a las más desfavorecidas. De allí nace nuestra convicción para el servicio, ya que todos los que conformamos esta Comunidad Universitaria, somos absolutamente privilegiados. Sobre todo si nos comparamos con la mayor parte de la población del país y del mundo. La novedad de la “Buena Noticia” que nos vino a traer Jesús, radica precisamente en la preocupación traducida en acciones, que Cristo mostró siempre con las personas, especialmente con las más vulnerables. Hasta el punto de confrontar al status quo, al atender a los niños, a las mujeres y a los que son menos importantes a los ojos del mundo, como los leprosos, los ciegos y los paralíticos.

Mi quinto y último compromiso, tiene que ver con todos esos puentes, lazos y vínculos, que la Universidad tiende hacia el interior de la Comunidad Universitaria, y hacia afuera de la misma, para ser solidarios con todas las personas. El quinto compromiso es que reforcemos los vínculos que nos conectan al interior de nuestra propia Comunidad y con toda la red de universidades La Salle, en México y en el mundo; que enriquezcamos los lazos que nos unen con todas las otras instituciones educativas lasallistas y no lasallistas y que transitemos con más regularidad por esos puentes tendidos con tantos y tantos organismos, privados, estatales, y eclesiales que hacen el bien a las personas.

Contamos para ello con la riqueza personal de cada elemento que conforma nuestra Comunidad Universitaria: alumnos, maestros, administrativos, personal de mantenimiento, padres de familia, exalumnos. Pongamos al servicio de los demás desde luego, la ciencia y la tecnología, todos nuestros talentos profesionales, pero también los deportivos, los artísticos, los relacionales y nuestra propia fe.

De modo que podamos decir todas y todos con verdad:

  • Que somos profesionales con valor.
  • Que por la fe, nos hacemos hermanas y hermanos al servicio de los demás.
  • Que por nuestra raza habla el Espíritu.
  • Que nos anima un espíritu de pasión por lo trascendente.
  • Y que juntos trabajamos para que la Utopía de un mundo más humano, sea un sueño posible.

LO QUE ESTÁ UNIDO, SE ENCUENTRA NUEVAMENTE CON EL AMANECER.

INDIVISA MANENT.

Hno. José Francisco Flores Gamio